Crónica; La Guerra del opio

A solo dos días de la declaración de intenciones de la OTAN de combatir el tráfico de opio en Afganistán, más de medio centenar de insurgentes talibanes han muerto en una de las provincias con mayor producción de este estupefaciente. Lashkar Gah, capital de la provincia de Helmand, atardeció ensangrentada una vez más por los enfrentamientos que llevan a cabo las fuerzas militares internacionales y las milicias rebeldes de la zona.

El sol empezaba a caer sobre el horizonte y el silencio empezaba a alarmar a los soldados. Un grupo de hombres de la ISAF, junto con fuerzas policiales afganas, comenzaban su reconocimiento rutinario de la zona. La noche en silencio lo inundaba todo. En algún momento, uno de los soldados descubrió al grupo guerrillero que pretendía asaltar la capital Lashkar Gah. En ese instante comenzó el combate, y el sonido de las metralletas rompieron el silencio. La noche se iluminaba en cada fogonazo de mortero mientras el ambiente empezaba a empaparse de pólvora. Tras los primeros compases de la embestida, la fuerza aérea de la ISAF bombardeaba las posiciones de la guerrilla, debilitando considerablemente la fuerza de la milicia. El silbido de las bombas al caer alertaba a los talibanes de la presencia de los aviones, pero la oscuridad de la noche les impedían ponerse a buen recaudo de los bombarderos. No había salida. Lo único que podían hacer era rezar a Alá. Lo que empezó por la tarde como un ataque sorpresa por parte de los talibanes a los puestos militares de la capital de Helmand, se había convertido en una misión temeraria sin posibilidad de victoria. En total, 65 milicianos muertos y ninguna baja por parte de la ISAF. 

La provincia de Helmand, que cultiva más del 50% del opio mundial, anochecía. Y 65 familias afganas lloraban en silencio. No será ésta la última batalla de una provincia que reporta a las milicias entre 30 y 50 millones de euros anuales por el narcotráfico. La eliminación del cultivo de opio es el nuevo objetivo de la OTAN en la zona, y los talibanes no van a permitir que se les robe su fuente de financiación tan fácilmente. El silencio tras la batalla vuelve a inundar la noche. Aún quedan en el recuerdo los fogonazos efímeros de los morteros, y los estallidos repentinos de las bombas lanzadas desde el aire. Los soldados de la ISAF vuelven a los puestos militares de la capital. Se abrazan entre ellos sabedores de la victoria conseguida. Mañana puede ser que no lo cuenten.   

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